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Colombia sobre la cuerda: presencia, enfoque y podio internacional en el highline

Por: Mario Venegas en colaboración con Highpening para Colombia en la Línea y para toda Latinoamérica


Hay momentos en los que un deporte deja de ser solamente una práctica física y se convierte en una forma de decirle al mundo: aquí estamos.

Eso fue lo que ocurrió con la participación de Daniel Bernal y Jorge Mario en una competencia internacional de highline y speedline realizada en Virginia Beach, Estados Unidos. Entre edificios, frente al mar, con público mirando desde abajo y atletas de distintos países compartiendo el mismo escenario, Colombia volvió a demostrar que su comunidad de slackline ya no está llegando a mirar: está llegando a competir.

Y, en el caso de Jorge Mario, también a subir al podio.



La primera emoción: representar algo más grande que uno mismo

Cuando recibieron la noticia de que participarían en una competencia internacional, la emoción fue inmediata.

Para Daniel Bernal, la posibilidad de encontrarse con competidores internacionales significaba una motivación enorme. No solo se trataba de viajar, sino de estar a la altura de atletas que muchas veces se ven desde lejos, en redes sociales o en otros escenarios deportivos.

“Es emocionante. Es un logro que lo hace a uno enriquecerse tanto en la carrera personal como en la carrera colectiva del deporte”, expresó.

Jorge Mario, por su parte, lo entendió como parte de un proceso más amplio. Ya había competido en Francia y Bélgica, pero cada experiencia internacional seguía teniendo un valor especial. Para él, la emoción no apareció solamente al recibir la invitación: ha sido una emoción constante, construida durante años de práctica, enseñanza y consolidación del deporte.

El highline, en sus palabras, le ha ayudado a “hilar” su vida.



Competir entre edificios: cuando el deporte entra a la ciudad

La competencia se desarrolló en el marco del Jackalope Festival y del Lock Tour, en Virginia Beach, muy cerca de Washington. El montaje no fue un detalle menor: líneas instaladas entre edificios, público observando desde distintos ángulos, narradores, otros deportes urbanos y una organización pensada para que los atletas pudieran concentrarse en competir.

Jorge Mario destacó algo clave: por primera vez sintieron con claridad que eran tratados como atletas. Tenían alojamiento, alimentación, transporte y condiciones adecuadas para descansar y competir.

“Me sentí como una estrella deportiva prácticamente”, dijo.

Daniel Bernal resaltó la dimensión urbana del evento. Para un deporte que muchas veces se asocia con montañas, naturaleza y paisajes abiertos, competir entre edificios marca otro nivel de desarrollo. Además, como arquitecto, observó con atención los sistemas de anclaje utilizados: tecnologías no invasivas, seguras y útiles para imaginar futuros proyectos urbanos de highline.

El evento no solo fue una competencia. Fue también una demostración de hacia dónde puede crecer el deporte.



La duda también compite

Desde afuera, el público ve equilibrio. Desde adentro, el atleta enfrenta miedo, duda, presión y concentración.

Jorge Mario explicó que las primeras competencias suelen venir cargadas de temores. Hay frustración, nervios y momentos en los que uno siente que no está dando lo mejor. Pero el proceso permite desbloquear esos miedos.

“Hay momentos donde quieres tirar la toalla, pero si realmente quieres algo, la vida te pone la oportunidad”, afirmó.

Daniel también habló de la duda, pero desde otro lugar: el reto técnico, la presión del público y la sensación de llegar a un país donde Colombia podía parecer pequeña frente a otros competidores. Sin embargo, esa percepción ha cambiado.

Hoy Colombia ya no llega sola. Llega como comunidad.

Con atletas como Jorge Mario, Susana, Daniel Garzón y otros representantes nacionales, empieza a sentirse una especie de selección colombiana de highline. Una mancha colombiana cada vez más visible.


Representación gráfica del evento elaborada a partir de IA con CAPCUT
Representación gráfica del evento elaborada a partir de IA con CAPCUT

El podio de Jorge Mario: gratitud, calma y una semilla

Uno de los momentos más importantes de la competencia fue el podio de Jorge Mario.

Cuando se dio cuenta de que había alcanzado ese lugar, no lo vivió desde la euforia vacía, sino desde la gratitud. Habló de sentimientos encontrados, de tranquilidad, de haber atravesado barreras y de haber convertido años de proceso en un resultado visible.

“Fue un respiro de tranquilidad”, dijo.

Ese podio no representa solo una medalla o una posición. Representa una semilla. Una imagen para otros atletas colombianos que hoy entrenan, sueñan y empiezan a entender que también pueden llegar.


Jorge Mario probando la cinta que le daría el Podio en la competencia
Jorge Mario probando la cinta que le daría el Podio en la competencia

¿Qué hizo diferente esta competencia?

Para Daniel, hubo tres diferencias claras.

La primera fue el público. En muchas competencias de highline todavía no hay audiencias masivas. En Virginia Beach, en cambio, había mucha gente mirando, celebrando y acompañando el espectáculo.

La segunda fue la gestión. La organización logró que los recursos realmente se notaran en el bienestar de los atletas.

La tercera fue el lugar: competir al lado del mar, entre edificios y en un entorno urbano de alto impacto visual.

Jorge Mario añadió otras diferencias: la energía de comunidad, la ausencia de rivalidad agresiva, la libertad para usar las líneas, la comodidad para descansar y la claridad de la organización. Todo estuvo dispuesto para que el atleta pudiera enfocarse.

Y esa palabra no es casual.


El podio que evidencia la participación Colombiana
El podio que evidencia la participación Colombiana

Presencia y enfoque: una cuerda también es una escuela mental

Cuando se les preguntó por una sola palabra para describir la sensación de caminar una línea a esa altura frente a los mejores atletas del mundo, Jorge Mario eligió “presencia”.

Porque en la cuerda no sirve vivir en el pasado ni anticipar el futuro. Solo existe el momento.

Daniel eligió “enfoque”.

Antes disfrutaba el highline; ahora entiende que competir exige una atención más profunda. Estar ahí, completamente, sin dispersarse.

Presencia y enfoque. Dos palabras que resumen no solo una competencia, sino una filosofía deportiva.



Lo que no se ve: deudas, trabajo, familia y comunidad

Llegar a una competencia internacional exige mucho más que talento.

Aunque el evento ofreció condiciones importantes de estadía y alimentación, los atletas tuvieron que gestionar recursos, cubrir pasajes y asumir sacrificios económicos. Jorge Mario fue claro: el highline todavía no cuenta con el reconocimiento deportivo suficiente para garantizar financiación pública o institucional estable.

Muchos deportistas deben endeudarse, hacer rifas, pedir apoyos o trabajar mientras compiten.

Daniel recordó que durante el viaje seguían atendiendo responsabilidades laborales y académicas. Jorge administraba asuntos de trabajo desde el hotel. Daniel estudiaba para sus clases en momentos en los que otros podían estar descansando o disfrutando.

También está el costo emocional: dejar familia, hijos, parejas, animales de compañía y rutinas personales.

La competencia dura unos días. El sacrificio empieza mucho antes.



Inspiraciones: los mejores del mundo y los parceros de casa

Entre los atletas internacionales, Daniel destacó a Kieran, conocido como “Charizard”. Poder caminar, conversar y conocer su historia fue una experiencia inspiradora.

Jorge Mario habló de atletas consolidados y de cómo cada competidor deja una enseñanza. Ver a personas que han estado entre los mejores del mundo permite aprender desde la técnica, la disciplina y la actitud.

Pero hubo una inspiración más cercana: el propio podio de Jorge.

Daniel reconoció que verlo correr el último tramo para ganarle a un competidor canadiense fue profundamente inspirador. No era solo admirar a una figura internacional. Era ver a un parcero colombiano demostrando que sí se puede.



¿Qué sigue para el highline colombiano?

Daniel fue directo: seguir compitiendo, seguir buscando recursos, seguir aportando, seguir siendo voluntario y seguir construyendo comunidad.

Ve un país lleno de talento, pero sobre todo lleno de gente entrenando fuerte. También mencionó el trabajo de espacios como el Centro Slackline Colombia, Quinta de Fagua y otros procesos que han ayudado a fortalecer el ecosistema deportivo.

Jorge Mario espera que este logro motive a más personas. Si Colombia ya está alcanzando podios, entonces el camino existe. El siguiente paso es hacerlo crecer.

“Si ya estamos logrando los podios, cualquiera que esté enfocado en hacerlo también lo va a lograr”, afirmó.



Una frase para las nuevas generaciones

Cuando se les preguntó qué le dirían a un niño o niña que sueña con llegar a una competencia internacional de slackline o highline, las respuestas fueron sencillas, pero poderosas.

Daniel dijo:

“Si sueñas con hacer slackline, nunca dejes de hacerlo”.

Jorge Mario respondió:

“Nunca desistir”.

Porque en este deporte, como en la vida, muchas veces el logro no aparece al primer intento. Aparece después de insistir, caer, volver, ajustar y seguir.



Dentro de veinte años

Al final, la pregunta fue inevitable: cuando recuerden esta competencia dentro de veinte años, ¿qué será lo más importante? ¿El podio, la experiencia o haber demostrado que Colombia puede estar entre los mejores?

Jorge Mario respondió que lo recordará todo: las comidas, los amigos, los lugares, la playa, los edificios, el podio y la sensación de haber vivido algo irrepetible.

Daniel recordó una frase que se repetían entre ellos durante el viaje:

“Somos muy privilegiados”.

Privilegiados por estar allí. Por competir. Por representar. Por compartir. Por mirar hacia atrás y saber que, de alguna manera, estaban haciendo historia.


El podio de Jorge Mario y la participación de Daniel Bernal en Virginia Beach no son hechos aislados. Son parte de un proceso colectivo en el que el highline colombiano empieza a ocupar un lugar más visible en el escenario internacional.

Hay talento, hay disciplina y hay comunidad.

Pero también hay una pregunta pendiente para el país: ¿qué pasaría si estos deportistas contaran con más apoyo institucional, más financiación y más reconocimiento?

Por ahora, Colombia sigue avanzando sobre la cuerda.

Con presencia.

Con enfoque.

Y con la certeza de que el equilibrio también puede ser una forma de abrir camino.

 
 
 

2 comentarios


Carolina Vargas
hace 6 días

Qué interesante. No sabía nada de este deporte


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Mario Venegas
hace 6 días

Los invitamos a todos a comentar si les ha gustado este contenido.

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