¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?
- Mario A. Venegas Borrás

- 23 jul
- 4 min de lectura
Bogotá tiene una costumbre curiosa.
Nos enseña a vivir deprisa.
Salimos temprano para alcanzar una reunión en la 100, cruzamos media ciudad para llegar al trabajo, respondemos mensajes mientras esperamos TransMilenio y, cuando por fin termina el día, sentimos que estuvimos ocupados... pero no necesariamente presentes.

Entre el tráfico, los compromisos y la rutina, dejamos de hacer algo que parecía natural cuando éramos niños: jugar.
Y el cuerpo, aunque guarda silencio, nunca deja de extrañarlo.
A veces basta con salir de la casa, caminar entre los árboles del Parque Simón Bolívar y dar un primer paso sobre una línea para recordar que seguimos estando ahí.
El equilibrio no está en la cuerda
La mayoría de las personas cree que el slackline consiste en aprender a caminar sobre una cinta.
Pero la verdad es otra.
La cinta no es el objetivo, es más bien como un espejo.
Cada movimiento que haces te obliga a escuchar nuevamente la respiración, a sentir el peso de tus pies y a prestar atención al momento presente.
Es curioso: mientras la ciudad nos enseña a correr, el equilibrio nos invita a detenernos.
Y en ese instante ocurre algo que no esperábamos.
Volvemos a escucharnos ya que, el equilibrio no consiste en quedarse quieto.
Consiste en aprender a moverse sin perder el centro.

Lo comprobamos hace unos días
Hace poco llevamos nuestro Balance Lab a un piloto realizado junto a nuestros amigos de Runa Travel, muy cerca del humedal Juan Amarillo.
No comenzamos con una competencia.
Ni siquiera comenzamos con el slackline.
Comenzamos riéndonos.
Bailamos con hula hoop. Después exploramos el slackboard inspirándonos en un principio del kung fu: antes de avanzar, hay que construir una base firme.
Solo entonces llegó el momento de subir a la línea.
Y pasó algo que ya intuíamos, pero que nuevamente confirmó nuestra metodología.
Las sonrisas aparecieron una tras otra.
Sin importar la edad.
Sin importar la condición física.
Sin importar si alguien nunca había visto una slackline.
Una participante, que llegó con molestias previas en una de sus rodillas, terminó contándonos que el trabajo de estabilidad le había recordado un proceso de fisioterapia.
Otra validación importante fue nuestra metodología basada en storytelling. La historia de Empédocles dejó de ser un relato antiguo para convertirse en una conversación sobre el equilibrio interior y la manera en que enfrentamos nuestros propios desafíos.
Comprendimos, una vez más, que las personas no solo aprenden cuando repiten movimientos.
También aprenden cuando una buena historia les ayuda a darle sentido a lo que están viviendo.
Eso es El Pacto del Viento
Muchas personas creen que El Pacto del Viento III es únicamente un torneo nacional de slackline. Sí, tendremos a algunos de los mejores atletas del país.
Pero eso es apenas una parte de la historia.
También veremos familias compartiendo una mañana diferente.
Niños descubriendo que el equilibrio puede ser un juego.
Adultos que, por primera vez en mucho tiempo, dejan el celular a un lado durante una hora.
Amigos que llegan por curiosidad y terminan llevándose una experiencia que no esperaban.
Queremos que el Parque Simón Bolívar vuelva a ser lo que siempre ha sido para Bogotá: un lugar donde la ciudad respira.

Creemos fervientemente que una ciudad también necesita espacios donde las personas puedan bajar el ritmo sin dejar de moverse.
El equilibrio es como sembrar un árbol. Al principio parece un gesto pequeño, casi invisible. Pero con el tiempo sus raíces sostienen mucho más de lo que imaginábamos. Una sola experiencia puede convertirse en un hábito que transforme la manera en que vivimos el trabajo, la familia y nuestra relación con el estrés.
Un laboratorio para jugar, aprender y respirar
Durante el evento encontrarás el Balance Lab, un espacio abierto para todas las edades.
No importa si nunca has practicado slackline.
Aquí no venimos a demostrar quién es el mejor.
Venimos a descubrir de qué somos capaces.
Podrás participar en actividades como:
Hula Hoop.
Slackboard.
Balance Board.
Slackline.
Juegos cooperativos.
Narrativas inspiradoras.
Retos para toda la familia.
Todo acompañado por instructores y facilitadores que estarán contigo durante toda la experiencia.
El reglamento es sencillo: cuidar los equipos, seguir las indicaciones del personal y cuidarnos entre todos.

Bogotá necesita más espacios como este
Vivimos en una ciudad donde cada vez hablamos más de salud mental, bienestar y calidad de vida.
Pero esas conversaciones necesitan convertirse en experiencias.
El Pacto del Viento III nace precisamente para eso.
Para demostrar que el deporte también puede ser una herramienta para regular el sistema nervioso.
Que el juego también puede fortalecer una familia.
Y que un parque puede convertirse, por un fin de semana, en el lugar donde cientos de personas vuelvan a encontrarse consigo mismas.
Este 8 y 9 de agosto queremos hacerte una invitación muy sencilla.
Haz un alto.
Ponte unos tenis.
Trae un termo con agua.
Invita a alguien que quieras.
Y ven a descubrir que, a veces, el paso más importante no es el que das sobre la línea.
Es el que das para salir de la rutina.
📍 Parque Metropolitano Simón Bolívar – Bogotá
🗓️ 8 y 9 de agosto | 9:00 a. m. – 6:00 p. m.
Entrada libre.
Porque el equilibrio no es un espectáculo que vienes a mirar.
Es una experiencia que vienes a vivir.
El Pacto del Viento III










































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